Mientras el agua

El acto involuntario de sí mismo

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Son las 2:44 de la mañana, aunque de mañana solo tiene el nombre. La noche abunda, se estira pero camina segura desde la una y media que abrí el ojo, entre que para dejar pasar un río, y complementar con oscuridad el silencio que no es vacío sino un zumbido. Igual que el sabor del agua —Reconozco la ausencia. De sonido, de color, de sabor, de piel.

Pienso que tal vez llevo seca de palabras un par de meses pues el tener clarísimo que es lo que sigue para escribir me deja quieta. Hace poco le dije a mi madre, quién aún escribe en papel: lo más fascinante de escribir es la sorpresa. Creer que sabes qué quieres decir y sorprenderse cuando aparece otra cosa. El acto involuntario de sí mismo.

El acto involuntario de sí mismo

Pienso en mi jardín y sus habidos depredadores. A cambio de mascotas convivo con hormigas, grillos, arañas, lagartijas, pájaros, mariposas y avispas. Aparte de esos bichos ponzoñosos de los cuales desconozco su nombre, otro depredador será mi descuido.

Hace un tiempo saqué casi todas las plantas que tenía dentro de la casa a la intemperie, retirarme de la domesticación y permitirles cuidar de sí, que ahora dependan del cielo. Mi preocupación pasa a la observación ¿Te gusta estar aquí? ¿Hasta que punto la tolerancia a la incomodidad es una virtud? Las dudas necesitan tiempo para dejar de ser.

La vez que más vi mariposas, y por primera vez abejas, fue cuando estuvo un mes inhabitado el patio, lloraba por el abandono hasta que me ganó la belleza. Me molestan las mentiras mas que los mosquitos del verano, y todas las cosas que no dije igual que cuando me paré sobre un gusano. Pensé que tal vez mi gato así lo había decidido, salvaje, pues cada que venía Lazaro a podar el pasto, se escondía todo el día.

Me acobijo con metáforas ¿Sabrán las nubes que están a cargo?

Priorizar la libertad, esa tan ambigua. Esa que lo deja brotar todo y morir al mismo tiempo. La paciencia de ver nacer y tener la suerte de ser testigo de la muerte. Al parecer, parte de la condición de ser testigo es lo involuntario del acto, pues sino sería cómplice.

La inocencia es andar libre de culpa. Libre. No infantil, ni ingenuo, ni débil. Libre.

Cuando no se trata de barro, mejor barro. Las hojas secas truenan, y a pesar de las quejas con el calendario, la rosa que vive entre chiles, debajo del magnolio, empezó a retoñar.

Mi corazón no lo tengo que proteger pues de ahí viene mi fuerza. A mi ego le pongo sábila y le canto hasta que se duerma.